Archive for julio, 2009


TERMINATOR SALVATION

Vamos a comentar alguna peli que ya toca…

Después de la broma pesada que fue Terminator 3, Hollywood nos sorprende con una película pensada para taquillazo de verano , pero que sin embargo mantiene bien el tipo, resultando ser mucho mejor que la tercera…

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La película comienza presentándonos a uno de los personajes principales, Marcus, un preso condenado a muerte… y a John Connor como uno de los líderes de la Resistencia contra Skynet y sus máquinas de matar.  El Día del Juicio Final ha sucedido y el futuro parece presentarse tal como se nos explica en las películas anteriores: Skynet, un superordenador, adquiere conciencia propia y declara la guerra a muerte a los humanos por considerarlos un peligro para su propia existencia. A partir de ahí legiones de máquinas llamadas Terminators recorren los restos de la sociedad capturando y/o eliminando todo ser humano viviente. terminator-salvation-1

  John Connor lidera a un grupo de rebeldes en sus ataques contra las máquinas cuando su destino se entrecruza con Marcus, un desconocido que por algún motivo le busca y cuyos últimos recuerdos son estar en la sala de ejecuciones de la cárcel.  A todo esto el padre de John Connor, también campa por allí intentando unirse a la resistencia, siendo un chaval que ignora que unos años más palante su propio hijo le enviará al pasado a salvar a su madre y a engendrarle, de paso. (Sin muchas más explicaciones ni paradojas, la historia de Terminator se mantiene firme y sin cambios, demostrando que hagan lo que hagan en el presente o en el pasado, la humanidad está condenada.)

Sin embargo la cosa se complica cuando Marcus logra encontrar a la resistencia, y accidentalmente descubren que es un prototipo de  Terminator pensado para pasar por humano.  Aunque por algún motivo Marcus ignora lo que es.  Así pues, habiendo descubierto, horrorizados, que las máquinas planean hacerse pasar por humanos…. tenemos el argumento servido.

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Terminator Salvation lo tiene todo para taquillazo del verano: franquicia conocida, actores conocidos, efectos especiales y acción y explosiones a mansalva. El argumento, aunque se podría haber cuidado un poco más y profundizar en algunas cuestiones, lo cual hubiera hecho subir puntos a la película, es bastante bueno y es una buena historia, a pesar de quedar a veces a un lado en favor de la acción y algunas escenas bastante descabelladas. También hay que agradecer entre tanta explosión y persecución las clásicas peleas a golpes y algunas sorpresas que los fans agradecerán.  En cuanto a factura la película está muy bien realizada, como casi todas hoy en día, además la fotografía lo da todo para mostrar la desolación y opresión que el futuro postapocalíptico y mecanizado propone.

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 Terminator Salvation

La recomiendo para quienes quieran pasar un buen rato con una película de acción y por supuesto de Terminator.

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UN VIAJE A ROMA

Debo de admitir que soy bastante perezoso a la hora de ir a los sitios y no digamos para viajar lejos… lo cual posiblemente me haya hecho perder muchas oportunidades de ver mundo.  Así que cuando estas Navidades pasadas la chalada de mi novia me regaló un viaje a Roma, me pilló tan de sorpresa que me dejó tan descolocado durante días. Claro, uno se espera un par de libros, alguna peli, algunos calcetines, un Iphone…

Así que tras la sorpresa inicial y la histeria de los preparativos (hay dos tipos de viajeros: el curtido que pilla la bolsa y se va con lo puesto a la aventura… y el que bien por histerismo o bien por novato tiene que preparar mil cosas por si esto y por si aquello… adivinad de que tipo soy yo….)…. cogimos el avión hacia Roma.

Volar tiene su encanto pero no puedes evitar que un avión te cause algo de respeto. Sobretodo teniendo en cuenta que vuelas a unos 5.000 metros de altura y que vas sentado sobre 29.000 litros de combustible….  (Además nunca voy tranquilo si no conduzco yo). Por suerte tras un vuelo tranquilo llegamos sin novedad al aeropuerto, donde además no había prácticamente nadie, dándonos la sensación de que allí a las siete todo el mundo se iba ya a casa.

Sin mucha complicación cogimos el Leonardo Express que enlaza el aeropuerto con la estación Central de Roma Termini y poco más de media hora pisamos la ciudad de Roma. Tampoco tardamos mucho en encontrar el hotel así que tras dejar las maletas y descansar un momento bajamos a la calle a cenar. Nuestro primer contacto con la cultura italiana iba a ser, como no, la comida.

Descansados y tras conseguir algo parecido a un desayuno, empezamos el día siguiente encaminando nuestros pasos hacia el Coliseo, haciendo una pequeña parada en la Basílica de San Pietro in Vincoli, donde se guardan las Cadenas de San Pedro y como no, el Moisés de Miguel Ángel, una obra magnífica que se empeñan en mantener en penumbras.

Parece mentira, pero en una ciudad como Roma, cualquier iglesia o basílica aparentemente sencilla puede contener en su interior esculturas, pinturas y obras muy conocidas e importantes, aparte de otras muchas cosas aparentemente irrelevantes pero impresionantes cuando las miras.

No tardamos en llegar al Coliseo, posiblemente la obra civil más representativa de Roma a lo largo de su eterna historia. Construido por Vespasiano sobre el 69 dC. albergó en su día verdaderas carnicerías de animales y personas, espectáculos y luchas de gladiadores.

Sin duda en su momento de máximo esplendor, debió ser un edificio imponente, sin embargo 19 siglos de abandono, guerras y haberlo usado de cantera para construir otras cosas, lo han dejado en bastante mal estado, pese a que desde hace un tiempo se esfuerzan por restaurarlo un poco y mantenerlo. Visto desde fuera, te deja una sensación de que tampoco es para tanto, sin embargo no adquieres conciencia de su tamaño hasta que entras dentro.

Cuando atraviesas los enormes pasillos interiores y te asomas por primera vez a la arena, comprendes el tamaño real de tan magnífica construcción. Ver lo diminutas que son las personas que se encuentran en la otra punta impresiona, sobretodo cuando desde la perspectiva ves el tamaño que tenían las gradas y la cantidad de gente que podía caber allí dentro. Abajo, la arena, antiguamente cubierta por maderas y arena, actualmente deja ver el complejo entramado de pasadizos y estancias, que incluso podían inundarse para hacer batallas navales !!!!.  Imaginar aquel sitio lleno de gente… los pasillos… las gradas…. el griterío… da escalofríos.

La siguiente visita en la lista era el Palatino, lugar al que no tardamos en llegar dando un agradable paseo y pasando por delante del Arco de Constantino. El monte Palatino albergaba en la antigüedad los palacios de varios emperadores romanos y las casas palaciegas de la gente pudiente de la época. Actualmente es un bonito parque museo al aire libre donde uno puede pasearse apaciblemente entre los muros y estancias de las antiguas viviendas, donde en algunos casos todavía se conservan paredes pintadas, mosaicos y empedrados. También impresiona mucho el Hipódromo de Domiciano, junto a los restos de uno de los palacios, y que recuerda a un circo romano (no el Colisseo, ojo) y que al parecer era un jardín privado donde se realizaron en su día competiciones atléticas. De obligada visita, el museo del Palatino, que alberga gran cantidad de mármoles pintados, bustos, estatuas y otras cosillas rescatadas de por allí.

Continuando el agradable paseo por el Palatino llegamos al Foro Romano. Rescatado de la tierra y rodeado de los restos de edificios de épocas posteriores, pasear por el antiguo Foro, en tiempos la plaza más grande y principal de Roma es como sumergirse en otra época. Cuesta de imaginar el tamaño de los edificios y construcciones que rodeaban la plaza y el paseo del foro, si hacemos caso al tamaño de los arcos, las escalinatas y las columnas de los templos y edificios administrativos que aún se aguantan derechos, aquel lugar debió ser magnífico, todo un corazón para la gran ciudad de Roma. Cada edificio y cada templo (más de 50 en total) tiene su propia historia y es bastante frustrante pasear entre ellos sin tener apenas una idea de que es cada uno de ellos… Desgraciadamente siglos de olvido hicieron que este lugar resultase prácticamente enterrado bajo decenas de metros de tierra y que fuera usado como cantera de granito y mármol para construir entre otros edificios, el Vaticano.

Resulta anecdótico encontrar entre tanta majestuosidad y casi inadvertida, la tumba de Julio César (EL famoso Julio César, recordemos que hubo varios después con el mismo nombre), líder militar que consiguió hacerse con el poder de la República Romana y se autoproclamó Dictador Perpetuo… hasta que su propio hijo Bruto lo mató. Cuenta la leyenda que el pueblo romano estaba tan cansado de César que sus restos fueron cubiertos por un montón de piedras y dejado tal cual, construyéndose tiempo después un pequeño templete conmemorativo sobre la modesta tumba. El montón de piedras puede contemplarse hoy en día recubierto de cemento (para que no se lleven las piedras) y adornado con ramos de flores que la gente deja allí.

Tras una bien aprovechada mañana y una comida bastante decente en un restaurante (el precio no era tan decente, pero hay que admitir que la pasta italiana está muy buena y el servicio es atento…). Fuimos a parar a la Vía del Corso, alrededor de la cual se aglutinan el Centro histórico de la ciudad así como barrios y plazas importantes.  Una de ellas, la Plaza de Trevi, que alberga la majestuosa y desmesurada Fontana de Trevi.

Construida y modificada a los largo de los siglos (la original es del 22 aC), esta fabulosa y sobrecargada fuente debe su belleza entre otros a Bernini y Salvi. Sorprende en un principio que un monumento tan grande esté situado en una plaza tan pequeña, entre pisos y tiendas, además la cantidad de gente que allí se acerca aumenta la sensación de lugar pequeño y abarrotado. Sin embargo es un lugar muy agradable para estarse un buen rato (o visitar varias veces), ya que el agua fresquita que llega del acueducto subterráneo construido en el s. I aC, refresca mucho el ambiente.  La fuente en si es magnífica, presidida por la estatua del Carro de Neptuno tirado por dos caballos y cuenta con infinidad de detalles con los que te podrías entretener horas mirándola.

Desde allí y atravesando la Vía del Corso podemos recorrer varias calles llenas de tenderetes de souvenirs y tiendas de regalos, algunas de visita obligada, como la juguetería Bartolucci donde se pueden comprar juguetes de recuerdo hechos de madera de pino… desde puntos de lectura a relojes de madera pasando por los clásicos Pinocchios de todos los tamaños (incluido uno a tamaño real sentado en un banco a la entrada de la juguetería).

La siguiente parada: El Panteón. Considerada la iglesia más antigua de Roma, es un edificio impresionante por dentro (no tanto desde fuera) y visita obligada. Dentro reposan los restos de Rafael y varios reyes. Construido originalmente como templo en honor de los dioses romanos hace 2000 años, fue reconvertido en iglesia sobre el siglo VI. Desde dentro se puede apreciar una bóveda gigantesca y perfecta, que a día de hoy todavía no se sabe como fue construida y se mantiene en pie.  La luz (y el agua de lluvia) entran directamente por el agujero central de la cúpula y aparte de estar casi siempre abarrotado o cerrado por misa, es divertido ver a la gente tirada por el suelo o en posiciones inverosímiles intentando hacer una foto decente de la cúpula (imposible abarcarla entera). La plaza frente al Panteón, es también un buen lugar para pasar un rato agradable, paseando o tomando un helado. Una buena manera de terminar nuestro primer día en Roma.

Al día siguiente tocaba hacer visita obligada a otro de los grandes símbolos… así que tras desistir en coger el autobús, un rápido viaje en metro nos llevó al Vaticano.  El país más pequeño del mundo y también el más poderoso (moralmente). También es donde se concentra una cantidad inmensa de obras de arte, oro, y documentos invaluables valorados en más de 50.000 millones de euros. Por no decir que en si mismo el Vaticano es una fortaleza militar.  

Entrando directamente a la Plaza de San Pedro (de Bernini), quedas impresionado por el tamaño de la plaza, rodeada por enormes columnas, adornadas con estatuas de ángeles. En el centro, un enorme obelisco construido en Egipto y que fue usado en época de Nerón como poste de giro para las carreras de cuadrigas en el circo romano (actualmente un descampado).  Gente por aquí… gente por allá… unos haciendo fotos (complicado dado el tamaño de la plaza) otros paseando… y como no, la larga cola para entrar al Templo más importante del mundo.

Desde las puertas de la Basílica de San Pedro puede observarse entera la Plaza de San Pedro y justo antes de entrar, seas de la religión que seas, no puedes dejar de maravillarte ante el tamaño de este edificio, construido y remodelado durante 2000 años y adornado por los más importantes artistas de la antigüedad. Tal como sucede con el Coliseo, hasta que no traspasas las puertas no eres consciente del tamaño que tiene. Gigantesca. Techos a más de 80 metros de altura, exquisitamente decorados, paredes decoradas con frescos y cuadros de artistas de renombre, columnas y arcadas que constituyen cada una de ellas obras de arte escultóricas y funerarias, ya que la mayoría son urnas funerarias de papas, cargos y personajes importantes. Cientos de detalles que saturan la vista y que como poco podrías pasar días enteros para verlos todos con detenimiento.  La nave principal, de casi 190 metros de largo, da acceso a las capillas laterales, cada una de ellas del tamaño de una iglesia de tamaño pequeño y donde se celebran misas a diferentes horas del día, o se cierran para oración.

Presidiendo la Basílica, el altar mayor, cubierto por el baldaquín del Bernini, de 29 metros de altura y elevado por cuatro columnas enormes que fueron sacadas del Panteón. Justo a los pies del Altar Mayor, se abre el acceso a varias de las catacumbas más antiguas y a la tumba de San Pedro, “descubierta” (Se llama Basílica de San Pedro porque fue erigida sobre la tumba de San Pedro hace 2000 años) recientemente gracias a las excavaciones iniciadas en 1942 bajo la Basílica y que dan acceso al edificio original, que se haya metros bajo tierra. De hecho para visitar la tumba hay que pedir permiso oficial y se llega tras un recorrido de 90 minutos. A todo esto solamente el Papa puede oficiar misa en el altar mayor. 

Si levantamos la vista sobre el baldaquín se puede admirar la magnífica Cúpula de Miguel Ángel, a 119 metros de altura, soportada por cuatro gigantescos pilares que a su vez son los monumentos funerarios de Longino, Elena, Verónica y Andrés. Como ya he dicho, prácticamente cualquier columna o pared puede contener una tumba o urna funeraria, incluso momias papales a la vista de todo el mundo. Poca gente sabe que se puede subir a la cúpula en ascensor y asomarse desde unos pequeños balcones que tiene.

Evidentemente hacer inventario de todo lo que puede verse allí dentro llevaría páginas y páginas, pero hay que destacar la bellísima Piedad de Miguel Ángel, esculpida a la edad de 25 años y única obra firmada por el artista, actualmente protegida por un cristal blindado después de que un chalado la dañara con un martillo hace unos años.   También se pueden visitar Los Tesoros Vaticanos (previo pago) donde se exponen algunos de los tesoros de la Iglesia Católica. De visita obligada (o no) las Criptas Vaticanas, donde están las tumbas de varios papas y  personajes importantes, y también puede visitarse la Tumba de Juan Pablo II, desde a día de hoy todavía se reúnen visitantes para rezar por su alma o presentar sus respetos. Por cierto que no dejan hacer fotos.

Lo malo que tiene el Vaticano es que para poder verlo casi todo has de pasar varios días allí.  El siguiente sitio a visitar, como no, los Museos Vaticanos. Divididos en varios recorridos de casi dos horas cada uno… puedes decantarte por las esculturas… las pinturas… el tesoro egipcio…. Nosotros nos decantamos por visitar la Capilla Sixtina, a la que se llega tras un recorrido de hora y media por pasillos y estancias donde están expuestos antiguos tapices y algunas obras maestras de la pintura. Parte del recorrido transcurre por las Estancias de Rafael, que no son ni más ni menos que pasillos y habitaciones del palacio Vaticano, domicilio de antiguos papas y como no,  de Los Borgia, decoradas con antiguos frescos de Rafael, Fra Angélico y otros… Entre algunas de las obras: La expulsión de Heliodoro… Misa de Bolsena…  San León deteniendo a Atila… La Escuela de Atenas (donde están retratados artistas de la época como Miguel Ángel, Leonardo, Euclides, Bramante y como no, Rafael)….

Y tras recorrer salas y salas llenas de obras de arte y algunas otras obras que no te explicas como pueden estar en el Vaticano… se llega, por fin, a la Capilla Sixtina. Construida en el siglo XV, fue decorada por Miguel Ángel, tarea que le llevó cuatro largos años. Los frescos que decoran el techo de esta estancia son considerados unas de las obras más importantes de la pintura de todos los tiempos y algunas de las escenas (las pintura representan varias escenas del Génesis y el Juicio Final)  son mundialmente conocidas.  Si bien las pinturas pueden presumir de una gran belleza plástica, el conjunto dividido en escenas, puede resultar demasiado sobrecargado para alguien poco acostumbrado a tales obras. De hecho, es una estancia que merece ser observada durante horas, dada la cantidad de detalles y figuras que aparecen representadas.  Entre las escenas más destacadas: La Creación de Adán, La Expulsión de Paraíso….  y el Juicio Final.

El Vaticano considera esta sala lugar de recogimiento por lo cual se exige a los visitantes silencio y debido respeto, además está prohibido hacer fotos (ya que tienen los derechos de reproducción y dan mucha pasta cada año), cosa que los vigilantes repartidos por la sala no se cansan de recordar a los visitantes, que evidentemente quieren llevarse por lo menos una foto de la capilla. Que menos tras hora y media de pasillos y estancias… cuando llegas a la capilla completamente saturada de gente y en la cual tras 10 minutos de mirar al techo intentando quedarte con algún detalle llegas a la conclusión que la mejor manera de mirar las pinturas es en un libro de arte…  y que mirar techos durante mucho rato da dolor de cervicales.

Saturados de arte sacro y siendo ya casi la hora de la merienda, salimos del Vaticano con intención de comer algo y pasar lar tarde callejeando un poco, visitando tiendas de souvenirs y visitando la Plaza de España, ya de noche. Es un lugar bastante agradable para pasar un rato mirando la plaza, sus fuentes y la gente desde lo alto de las escalinatas.

Al día siguiente fuimos a visitar la Bocca de la Verità, situada en una modesta iglesia, lugar bastante concurrido por gente que quiere retratarse junto a la piedra. Dice la tradición que si has sido infiel la boca te muerde la mano si la metes dentro… aunque otros dicen que si con la mano dentro de la boca te hacen una pregunta y mientes, la boca se cierra.  Pintoresca sin duda, no resulta ser más que una antigua tapa de alcantarilla.

Paseando paseando pasamos por el antiguo Circo Romano (donde las carreras de cuadrigas) que si bien era mucho más grande que el Colisseo, actualmente no es más que un descampado donde crece la yerba.  También pasamos por la Plaza Venezia, completamente en obras y presidida por el descomunal Monumento a la Patria y Tumba del Soldado Desconocido (todo ello en obras), desde cuyas terrazas puede contemplarse Roma entera a una altura más que considerable. Tampoco nos olvidamos de visitar la Plaza Navona y sus fuentes (sí la fuente que sale en Ángeles y Demonios, pesaos…), además de sus calles adyacentes donde se pueden encontrar algunas jugueterías muy majas y algunos restaurantes curiosos.

Y poco más… al día siguiente nos fuimos para casa con la sensación de que Roma es una ciudad con demasiadas cosas por ver y a donde hay que ir con tiempo (y dinero) para poder verla y disfrutarla.

Como ciudad, Roma no es muy diferente a Madrid o Barcelona en apariencia… si bien se nota que las calles son viejas (casi todas empedradas) y algunos edificios tienen ya sus años, tiene zonas muy pintorescas. Además como ciudad que vive del turismo, hay gran cantidad de tiendas, chiringuitos, restaurantes y bares, para todos los bolsillos (aunque hagas las cuentas que hagas, siempre acabarás pagando más de lo que tenias pensado gastar….). La comida en general muy buena y sobretodo, los helados… siempre de fabricación artesanal, una delicia.  En cuanto a la gente… de todo… mucho turista (en particular cuando fuimos Roma estaba invadida por Japón), la gente de allí amable y sin particulares prisas… Eso sí ojo con la picaresca local a la hora de devolver el cambio (que a la que te descuidas te tangan, o lo intentan… aunque si se dan cuenta de que te has dado cuenta del timo, de tan el importe correcto sin más queja y una sonrisa.).. y por supuesto cuidado con los ladrones y gitanas.  A la hora de comprar souvenirs, hay donde escoger: tiendas de ropa, jugueterías, alimentación, puestecitos de recuerdos….

Resumiendo…. Un viaje que resultó ser un maravilloso regalo. Lástima de no haber dispuesto de más tiempo y dineros, pues Roma ofrece mucho para ver y visitar, no en vano es una de las ciudades más antiguas del mundo.